“Estoo,… siento mi aspecto,… la pintura,…yo…- tragó saliva –…he estado trabajando en un nuevo cuadro,… noche,… tiempo encima… tu,… teléfono,… prisa,… amanecer,… azul,… otro cuadro,…”
Sara le miraba curioso, -“Taro, ¿qué dices? No entiendo nada” – y se echó a reír, tapándose la boca para que Taro no se ofendiera.
Taro la miró y, tras un momento de confusión, rió también.
“Tienes razón,… que situación tan ridícula. Yo aquí con pintura por todos lados, y tú guapísima, con un vestido perfecto. Y encima intento decir algo y no hago más que balbucear. El arte es lo mío, no las palabras,… nunca lo han sido.”
“¿Qué dices? –dijo ella- Anda, entra y tomémonos algo, tengo hambre”
Cuando se sentaron los dos se miraron un momento a los ojos y al segundo miraban en otras direcciones, buscando algo sobre lo que posar su vista y pasar desapercibidos. Permanecieron largo rato en silencio, como tratando de estudiar la situación antes de hacer cualquier movimiento. Fue ella la que habló entonces.
“Por teléfono te dije que había encontrado el significado del círculo, pero no estoy segura de si es una buena o mala interpretación.” – Taro la miró curiosa – “…estuve analizando mi vida y creo que el círculo es un símbolo de compromiso, pues es a la vez puro y eterno, como tú mismo me dijiste…iluminación y continuidad hasta el infinito”
Ambos se quedaron en silencio.
“Y bien,… - parecía nerviosa -,… tu eres el experto en arte ¿no?; es una posible interpretación ¿o no?”
“Si, por supuesto, pero, ¿has pensado en que no se trata de elementos aislados?”
“¿Cómo?” – La voz de Sara volvía a tornarse curiosa, como la tarde anterior durante la explicación de Taro sobre el cuadro.
“Si, mira. Es cierto que podría significar eso, pero esa explicación podría cambiar el sentido de todo el cuadro.
Vamos a ver,… si ese círculo implica un compromiso,… para mucho tiempo pues es eterno,…podría significar dos cosas,… ya que el círculo esta montado sobre la mancha azul y las líneas negras también… Pero, a su vez estas están debajo y al mismo tiempo encima del círculo… Podría ser que ese compromiso fuera lo que rompiera las rejas de la prisión, o que ese círculo forme parte de esas rejas que suponen el estar atrapado, ya que ambas tapan la mancha azul”
Sara miró al suelo, meditando lo que Taro acababa de decir. Entonces se agarró una mano con la otra, las levantó y las colocó sobre la mesa una a cada lado del cuerpo con las palmas hacia arriba. Taro se limitaba a mirar con cierta sorpresa. Eran manos pequeñas y muy atractivas, pero muy fuertes, lo cual transmitía dulzura y determinación a su vez. Una de ellas tenía un poco de pintura y era quizás lo que la diferenciaba de la otra. Sara las miraba con intensidad, como si buscara algo escondido entre ellas.
“Sara,… - dijo Taro de pronto - …sea lo que sea lo que pienses, y lo que hay detrás, no dejes que algo te atrape, no puedes renunciar a la felicidad en un segundo, si esas rejas son, como me dijiste ayer, lo que te impide ser feliz, tienes que darte cuenta tú misma del significado del círculo, sólo tú sabes lo que de verdad supondrá con respecto al resto del cuadro. Yo, desde luego, ya no me siento el autor del cuadro, ha dejado de ser una simple figura y ahora creo que significa mucho más de lo que era…para ti que se lo has dado, y para mi que me ha abierto los ojos…”
“Taro, pero hay algo más que debo decirte,… tu… el arte,… ¿un compromiso?… yo antes estaba segura… pero…pero…esas malditas rejas,… Y EL PUÑETERO CÍRCULO BLANCO!!!”
Se puso de pie de un salto, respiraba agitadamente y estaba roja. Taro la miraba con una sonrisa, a pesar de todo, comprendía algo de la situación en que ella se encontraba. Sabía que ella intentaba tomar una decisión sobre algo, seguramente muy importante. Y Taro creía que era su decisión,…
Entonces una figura apareció en la puerta, era una figura oscura y bajita. Se acercó a la mesa y, cuando se encontraba lo suficientemente cerca, se le pudo distinguir el rostro. Era una mujer mayor, muy fea, le faltaban casi todos los dientes, y de los pocos que le quedaban tres eran de oro. Llevaba una bolsa muy grande colgando del hombro. Sonreía.
Entonces Sara dio un salto y se echó hacia atrás tirando el café que había sobre la mesa.
Taro le miró y luego volvió la vista hacia la anciana. Ella rebuscaba algo en la bolsa. Entonces le tendió la mano. Taro alargó su brazo y aceptó lo que le ofrecían. Eran dos Euros.
“Son suyos – dijo mientras miraba a Sara – invítala al café. Ella sabrá tomar la decisión correcta, no te preocupes por ella. Sólo déjala pensar y no interfieras. Ayer fue el día y ella lo sabe, ella sólo tiene que darse cuenta de lo que encontró. El círculo blanco no es más que un círculo, el color es sólo un matiz”
Se dio la vuelta y se marchó. Taro la miraba extrañado, mientras pensaba en gente cada día más rara y que estaba peor de la cabeza. Miró divertido a Sara, tratando de reírse de una situación incomprendida, pero ella no tenía la misma sensación que él. Su color rosado de nerviosismo e frustración había pasado a un pálido extremo. Ella ya conocía a esa mujer…
Taro miró a Sara,… no entendía nada de lo que sucedía, pero algo había sacado en claro, debía dejar que ella se aclarara sin intervenir. Entonces pagó los cafés, se dio la vuelta y se marchó tras despedirse. No entendía porqué pero tenía una sensación de vacío muy grande al abandonar la habitación. Fue dando pasos alejándose. Metió las manos en los bolsillos y bajó la cabeza. Tenía que pensar.
Entonces algo desde detrás le asaltó y le agarró por el cuello. Medio cayéndose se giró y vio a Sara con lágrimas en los ojos. Estaba llorando. Taro estaba sorprendido, aún así sus manos respondieron y le abrazaron, y buscando sus labios, la besó. Era lo que había querido hacer desde el principio, pero se dio cuenta ahora. Después se miraron a los ojos, y comprendieron, por fin, que el círculo blanco era en realidad un símbolo de necesidad mutua, el símbolo de su abrazo, todo lo demás…ya no importaba.